Palabras que pueden cambiar su vida y su casa

Voy a contaros algo que me gustaría haber aprendido hace años, una lección tan importante que a veces desearía haber aprendido antes esta lección para compartirla con tod@s vosotr@s antes.  Aquí está:

No hay nada malo en pedir ayuda.

No lo digo porque me encanten nuestros servicios de limpieza (aunque así sea). No lo digo porque haya recibido cartas contándonos cómo nuestras limpiezas han cambiado vidas, corduras y algún que otro matrimonio. Lo digo porque es cierto. Es cierto para las nuevas madres. Es cierto para las madres experimentadas de cuatro hijos. Es cierto para las personas que trabajan desde casa y para las que intentan mudarse de casa. Es cierto para casi todo el mundo. Incluso para los hombres que se niegan a usar un mapa.

Reconozco y me identifico con todos los clientes potenciales que nunca se convertirán en clientes. Los que se dedican al bricolaje, los que lo tienen todo, los que realmente les gusta limpiar. También reconozco y me identifico con los que miran sus casas desordenadas y sólo quieren que alguien entre y limpie debajo del sofá, quite el polvo de las aspas del ventilador y, por el amor de todas las cosas hechas con chocolate, haga que el baño parezca algo que la gente realmente quiera usar.

En esta época, nos esforzamos al máximo para poder hacer todo lo que podemos. Los padres que se quedan en casa trabajan desde el hogar; los padres que trabajan asisten a todas las conferencias y partidos de baloncesto. Por fuera o por dentro, competimos entre nosotros en cuanto a la limpieza de nuestras casas. No digo que no se pueda -o deba- tenerlo todo. Sólo digo que es imposible sin ayuda.

Si tener una casa limpia le da espacio a tu cerebro y poder a tu cordura y amor a tu matrimonio y diversión a tus hijos, y no puedes hacerlo dado todo lo demás que está tirando de tu atención, entonces pide ayuda. Piénsalo así. Usted subcontrata su comida, su ropa y sus arreglos de fontanería. Podrías aprender a hacer esas cosas, pero pueden requerir más tiempo, energía y conocimientos de los que puedes reunir en este momento. No puedes hacerlo todo tú mismo. No estás destinado a ello. Estamos destinados a tender la mano, ya sea para ayudar a alguien que lo necesita o para pedir ayuda para nosotros mismos.

Y no hay nada malo en pedir ayuda.

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